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viernes, 2 de julio de 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo cuadragésimo octavo: "Nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección". (Francis Picabia, 1879-1953, pintor francés) Mientras nos han llenado la cabeza de cosas sin ningún sentido ni utilidad nadie se ha dignado a explicarnos, durante esos largos, muy largos, años de sufrimiento estudiantil que hemos pasado, las cosas verdaderamente útiles de la vida. Por ejemplo, cuando a (casi) cualquiera de nosotros nos hablan de una tal esvástica, automáticamente pensamos es esa cruz gamada que un señor pequeñito y con bigote se empeñó en pasear a la fuerza por Europa. Bueno pues seguro que sí, que sería era "eso", no digo yo que no, pero también es, y mucho antes de que el pequeñín con bigote la convirtiera en su cruz, una de las posturas más clásicas que practicaban los hindúes a la hora de coitear, y que se corresponde con el símbolo de un antiguo dios solar de La India. Mucho antes de ser emblema de la Alemania guerrera, la esvástica ya era la posición en la que la mujer, al colocarse a horcajadas sobre el hombre, es capaz de controlar perfectamente todos los movimientos durante el coito. Vamos, que tiene delito que entre conocer cual era el símbolo de unos locos intentando invadir el mundo y la mejor forma de colocarse para sacarle rendimiento a tus ratos de entretenimiento, todos se empeñen en explicarte los detalles de las banderitas del loco bajito ignorando completamente esas otras cosas que de verdad te va a resultar importantes para la vida. Así nos va.
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jueves, 1 de julio de 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo cuadragésimo séptimo: "Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee" (Miguel de Unamuno, 1864-1936, filósofo y escritor español.)

Un día el matemático español Francisco Sales, le dijo a un alumno que había sacado a la pizarra: "- Veamos si tiene usted talento de matemático; explíquenos paso a paso qué haría usted para freír un huevo, suponiendo que tiene el aceite, el huevo y las cerillas encima del mármol, y la sartén en el armario".

El alumno, asombrado, lo describió más o menos así: "- Cogería las cerillas, encendería el fuego, sacaría la sartén del armario, echaría aceite en la sartén, pondría la sartén al fuego, esperaría a que se calentara, rompería luego el huevo, lo echaría en la sartén, ..."

A cada paso explicado, el Sr. Sales iba diciendo: "- Bien, va usted bien, siga, siga". Cuando acabó, le dijo al alumno: "- Ahora, explique de nuevo cómo lo haría si tuviese la sartén ya en el mármol". El alumno, más asombrado aún, respondió, más o menos, como antes: "- Cogería las cerillas, encendería el fuego, echaría aceite en la sartén, pondría la sartén al fuego, ..."

Acabada la explicación, el Sr. Sales le dijo: "- No tiene usted talento matemático; un matemático hubiera contestado: metería la sartén en el armario y aplicaría el método del caso anterior".

Ya ves tú, ahora resulta que lo mío de usar la ley del mínimo esfuerzo en todo lo que tenga que ver con el trabajo no es vagancia... es talento matemático. Un talentomatemático que algunos días se agudiza hasta el infinito y más allá. Como hoy.

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