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viernes, 30 de septiembre de 2005

Aparte de ginecólogo en el Vaticano, uno de los trabajos que siempre me había provocado más "envidia" era el muy especializado (en la "especialización" está el futuro) "escritor de diálogos de cine; sección: escenas de sexo". Pues mi gozo en un pozo: los guionistas que trabajan en las secuencias lúbricas de las películas no sólo se lo "curran" -como cualquier otro hijo de vecino- sino que además, son buenos. Aunque siempre hay excepciones (Gérard Damiano, el autor de "garganta profunda" jamás escribía los diálogos; prefería que los actores los improvisaran), he encontrado dos verdaderas joyas que demuestran lo "profundo" que uno tiene que ser para dedicarse a escribir sobre sexo... al menos más allá de un "oh dios" por el que ya no cobras ni un euro. En "Desmontando a Harry"(1997) un escritor interpretado por Woody Allen confiesa sus paranoias y angustias existenciales a una prostituta de raza negra. El: "Tengo miedo, no tengo alma. ¿Me comprendes? ¿Tú sabes lo que es un agujero negro?" Ella: "Sí: con lo que me gano la vida". ¿Podría alguien con menos palabras describir "algo" mejor? Más difícil todavía: primer fotograma en una película de 1926, argentina y muda; título: "La hora del té". Antes de empezar alguna imagen en movimiento aparece un cartelito explicando lo que va a suceder. El texto reza así: "Era un jardín sonriente, era una rubia caliente, sin igual; y era un pobre jardinero que no encontraba agujero donde su nabo plantar". Eso sí que es capacidad de síntesis abierta a la imaginación de lo que va a venir después y no la sinopsis de los "efectos secundarios" que trae el prospecto del "orfidal". Con semejante competencia casi mejor me voy informando de lo del ginecólogo vaticano. Hasta el lunes. ... historias "extra-ordinarias" Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

jueves, 29 de septiembre de 2005

Capítulo Sexcentésimo decimoséptimo: "Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego" (Leon Tolstoi, 1828-1910, novelista ruso) Unos enviados del rey francés Felipe II, "Augusto", allá por el mil ciento y mucho, vinieron a España (aunque ésta ni tan siquiera existía como tal) con plenos poderes para escoger esposa para Luis, hijo mayor del monarca y, por tanto, delfín del trono de Francia. En principio la elegida tenía que haber sido la hija segunda del rey Alfonso VII de Castilla y de Leonor de Inglaterra, llamada Urraca. Pero semejante nombre les sonó tan mal a los enviados, que éstos escogieron para ser mujer del delfín a la hermana de Urraca, Blanca, mucho menos agraciada físicamente pero con un nombre más sonoro, nombre que la convirtió directamente en la futura reina de Francia (... y posterior madre de San Luis, el de los famosos "hijos"). Para que luego digan que la forma en la que a uno lo van a llamar no tiene más importancia que la estética. Por cierto y teniendo en cuenta que el mío significa "casa nueva" no me importaría nada que el susodicho, aunque sea ya a estas alturas de mi ancianidad, fuera profético. Esperándolo estoy. "... "pendientes" de orgullo Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo" . hoy enlazan a "peluche" 930 links, desde 437 bitácoras.

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