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viernes, 4 de enero de 2008

Capítulo Milésimo centésimo: "El eructo es un pedo que te vio cara de culo". (Juan Pablo T. 34 años, poeta conceptual) Desde muy pequeñita la Marquesa de Sevigné había sido una acérrima defensora del chocolate, producto que ella misma devoraba sin control en cualquiera de sus formas. Pero un mal jueves de mayo de 1671 a la pobre marquesa se le fue la mano y por su glotonería, sufrió un empacho del que tardó casi una semana en recuperarse. Por culpa de aquel "incidente", la desdichada señora pasó de ser la gran defensora del chocolate, a considerarlo como el causante de casi todos los males de la humanidad. Su teoría sobre lo prejudicial del susodicho manjar se vio confirmada cuando su gran amiga, la Marquesa de Coetlogon se quedó embarazada y la muy inconsciente, a pesar de su estado y de las recomendaciones de su amiga para que dejara de beber aquel producto del diablo, lo continuo consumiendo. El resultado lo cuenta la propia Marquesa de Sevigné unos cuantos meses después: ".. por su soberana inconsciencia y por hacer caso omiso a mis buenos consejos, tomó tanto chocolate cuando estaba en cinta, que dio a luz a un niño negro". Era la prueba que demostraba, de una vez por todas, como aquel brebaje amargo traído de otros mundos y al que empezaron llamando xocoatl, no era más que un producto del diablo. Por más que en la corte se murmurara que, precisamente, el año anterior a ese nacimiento, a la Marquesa de Coetlogon le llevaba cada día el chocolate un guapo y cariñoso esclavo africano. Buenos Reyes y hasta el martes.

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viernes, 27 de abril de 2007

Capítulo Noningentésimo sexagésimo segundo: "El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer" (Walter Bagehot, 1826-1877, periodista inglés) Fue una anécdota protagonizada por Calvin Coolidge, presidente de los Estados Unidos de América entre 1923 y 1929, la que dio lugar a la creación del término "efecto Coolidge" para referirse a la habitual tendencia que tienen casi todos los machos a excitarse sexualmente cada vez que están en presencia de una hembra nueva. Cuentan que la esposa del presidente, de visita en una granja, se interesó por la frecuencia con la que el gallo del corral copulaba al día: - Docenas de veces- le respondió el guía. Al oírlo, la primera dama pidió a su guía que se lo comunicara al presidente, quien estaba al otro punto de la finca. El presidente fue debidamente informado y preguntó: - ¿Siempre con la misma gallina? - !No!, cada vez con una distinta. - Por favor, trasmítale eso a la señora Coolidge. Sin (más) comentarios. Hasta el lunes.

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