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lunes, 18 de octubre de 2010
Capítulo Milésimo sexcentésimo nonagésimo séptimo: “!Facilísimo! Para usted , por supuesto. Es lo que dicen los hombres vulgares ante los prodigios de la ciencia. Lo malo es que dicen lo mismo ante los trucos de los prestidigitadores". (Salvador Golpe Varela, 1850 - 1909; periodista español)
Puede que sí, que sea de verdad un producto 100% natural, pero las pipas son, entre otras muchas cosas, enormemente sucias e indigestas, además de producir una adición incontrolada de su consumo. En cualquiera de sus variantes. Y son unas cuantas: de girasol, de calabaza, saladas, peladas, mediasal, y hasta habrá algunas con sabor a anchoas. Las secuelas, después de pelarlas y zamparte una bolsa, no son moco de pavo: boca pastosa, dientes llenos de residuos y un dolor de estomago considerable. Eso sin contar con las calorías que te has metido para el cuerpo ya que, al contrario de lo que algunos creen, el aceite de girasol que venden en las tiendas no se saca del que les sobra a los coches. Al menos no todo.
Muy cerca están las palomitas, estas menos 100% naturales (deben de andar por un 87,46% o así) que las pipas pero igual de indigestas. Las hay de fantasía, de colores, las hay que saben a demonios y hasta una variante angustiosamente empalagosa: las bañadas en miel. Las secuelas que produce su consumo son muy parecidas a la de las pipas: boca como estropajo y restos de ellas por toda la boca, especialmente pegados en la dentadura, durante varios días.
Como buenas sustancias adictivas que son deberían de estar prohibidas, o al menos las autoridades sanitarias –tan aficionadas a advertir de lo malo que es todo- deberían establecer un estricto control sobre su venta. No es justo que mientras te ponen mil pegas para comprar uno míseros gramos de speed, por ejemplo, puedas comprar bolsas de tres kilos de pipas y dos de palomitas sin ningún tipo de control. Así nos va.
...el complicado ketchup
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miércoles, 10 de enero de 2007
Capítulo Octingentésimo nonagésimo segundo: "Dejar de fumar es la cosa más fácil de hacer. Debería saberlo porque lo he hecho miles de veces. (Mark Twain, 1835-1910, escritor norteamericano)
Ya lo he dicho en alguna ocasión: mi relación con el tabaco ha sido siempre la de una convivencia pacifica, tolerante y de buena voluntad por ambas partes: mi padre y mi hermano fumaban y los demás nos tragábamos sin rechistar la ración de humo que nos correspondía. Por lo tanto soy fumador a pesar de no haber fumado nunca (ni ganas de hacerlo), un dato que parece influir en que no me moleste lo más mínimo que, a pesar de los tiempos que corren, alguien encienda un cigarro a mi lado.
Pero los datos son los que son: en los países europeos se dedica más dinero a subvencionar el cultivo del tabaco que a investigar contra el cáncer y las dos cosas, nos guste (o no) mirar para otro lado -intereses creados aparte- van unidas: uno de cada diez fumadores muere de cáncer de pulmón.
Y empiezan a no servirme las disculpas que se buscan los fumadores para justificarse: fumar no es un riesgo que ellos asuman libremente. El tabaco es una droga, y una droga con un tremendo poder de adicción que la mayoría de las veces ha empezado en la adolescencia, una época en la que las defensas para este tipo de cosas no suelen ser las mejores. Y tampoco es un problema sólo de ellos. El coste, y no sólo económico, y el dolor que provoca un cáncer,-tan estúpido como evitable- en los que rodean al fumador, es una realidad.
No se trata de prohibir, nunca ha servido de nada prohibir las cosas, se trata simplemente de pensar un poco y, si se quieren matar con el tabaco, que lo hagan, están en su derecho, pero que no nos hagan a los demás tragar sus humos, sobre todo habiendo como hay más maneras para "disfrutar" de semejante plantita.
Por la nariz: el tabaco en forma de polvillo picante (bautizado como "rape") era la estrella en el siglo XVII en el que se consumía en grandes cantidades. Dicen que Napoleón gastaba más de cuatro kilos al mes. A pesar de producir cáncer de nariz se uso fue masivo. Al menos hasta que aparecieron los cigarrillos.
Masticado: posiblemente el más práctico ya que se puede disfrutar en plan "manos libres". Tuvo su época de esplendor en el siglo XIX (las "escupideras" formaban parte del mobiliario de cualquier lugar ) aunque fue poco a poco olvidado posiblemente por sus inconvenientes: produce cáncer de lengua y de labios aparte de un color de dientes poco recomendable.
Bebido: bien en licor (en Cáceres se fabrica con el nombre de "tabakito") o en infusión, como se hacía en algunas regiones del Amazonas para combatir la disentería. Al fin y al cabo el tabaco es un buen insecticida que acaba rápidamente con piojos y hormigas.
Frotado: un buen emplasto a base de hojas de tabaco trituradas es un buen remedio (que ya usaban los indios americanos antes de la colonización) para tratar cortes, asma, migrañas, dolor de muelas, úlceras enfermedades de la `piel y hasta la tiña.
Suma y sigue. Ninguno de ellos perjudica a los demás. Y ya que tienen otras muchas más opciones, que las usen. Así, todos contentos.
... curiosa curiosidad
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