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viernes, 21 de enero de 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo cuadragésimo noveno: "Quien se siente en el fondo de un pozo para contemplar el cielo lo encontrará pequeño". (Han Yu, 768 - 824; escritor chino) Avisando con varias semanas y pico de antelación para que el tiempo no se nos eche encima. Se acerca San Valentín, época de regalos y de juguetería. De hecho este año son tendencia. Existen en el mercado auténticas maravillas tecnológicas que pueden ayudarnos a ser (un poco más) felices. Se me ocurre el Lelo (se llama así y yo no le he puesto el nombre), un vibrador pequeñito como una pastilla de jabón de éstas que se suelen robar en lo hoteles, pero con más capacidad de rabia y, sobre todo de vibración, que el tímpano de un yogurín con ipod. O el Laya ( y, también se llama así.. y no, tampoco me he inventado yo el nombre) , una especie de pistolita desintegradora de esas que salen en las series de marcianitos pero indicada especialmente para los trabajos manuales. Nótese, bastaría con echar un ojo a las fotos, que son juguetes cuya forma no es la de un sudanés de la capital -no importa el tamaño de la varita, sino la habilidad del mago- y sí de vibradores sencillitos indicados para todos los que pudieran o pudiesen iniciarse en este tipo de juegos indicados especialmente para enriquecerse en pareja. Los consoladores son otra cosa. Importantes sí, pero otra cosa. Que lo de pensar en dar consuelo a alguien puede hacerse mucho mejor en el tanatorio más cercano. Con los vivos, mejor divertirse.
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lunes, 29 de enero de 2007

Capítulo Noningentésimo quinto: "Las personas a las que nada se les puede reprochar tienen, de todas formas, un defecto capital: no son interesantes. (Zsa Zsa Gabor, 1917, actriz húngara) San Valentín a la vuelta de la esquina. Naturalmente hay que pasarse los días que faltan diciendo que el catorce de febrero es una cursilada como la copa de un pino, que el catorce de febrero no es más que un invento de los grandes almacenes para vender más, que el catorce de febrero es un día como otro cualquiera, y que ¡por supuesto! uno siempre apreciará mucho más un regalo, por tonto e inocente que sea, cualquier otro día del año que un catorce de febrero. Y naturalmente después de dar la tabarra mil veces, de anunciar a tu compañero doméstico que pasas olímpicamente de semejante día y que ni se le ocurra comprarte nada, llegará el catorce de febrero y acabaras con cara de tonto pensando en la cantidad de veces que tu compañero doméstico hace justo lo contrario de lo que tu le pides y tiene que elegir precisamente ese día para hacerte caso. Este año ni una palabra del catorce de febrero. ... a pesar del tamaño, no querrás ser un elefante Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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