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martes, 15 de marzo de 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo octogésimo: "La experiencia no es lo que le sucede a un hombre; es lo que un hombre hace con lo que le ocurre”. (Aldous Huxley, 1894-1963; escritor inglés) Un marido celoso se presenta en una agencia de detectives porque quiere que vigilen las andanzas de su mujer. Antes de comunicar sus deseos exige hablar confidencialmente con el director a quien le pide que, debido a su posición en la que no se le permitiría hacer el más mínimo de los ridículos, sea el propio director el encargado de llevar personalmente el caso. Está dispuesto a pagar lo que sea a cambio de que se cumplan dos condiciones: nada de subalternos y reserva absoluta de los resultados de las pesquisas. El detective empieza su trabajo sin encontrar nada extraño. La esposa visita a su madre, pasea con sus amigas y despelleja a todas aquellas pilucas que no están presentes.. lo normal. El investigador pasa un primer informe al marido quien, a pesar de las buenas noticias insiste en que se continúen las pesquisas. Vuelve a dar órdenes concretas, que para eso paga: es imprescindible vigilarla todo el tiempo que sea necesario. El costo de la investigación es elevado –hay tardes en que la vigilancia dura seis y siete horas-, pero el marido no se preocupa por ello. El detective está encantado. Un negocio redondo –le confiesa a su mujer-, que se ríe como una loca Pero la verdad es muy distinta. La investigación que realiza el director de la agencia de detectives sirve solamente para que el cliente –el marido celoso- pueda tener la seguridad de que no será molestado mientras engaña al detective con su mujer. Así no hay ningún riesgo de ser descubierto. El "amor" (entre comillas), como se sabe, es capaz de cualquier cosa.
... loca, pero de herencia Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

martes, 11 de mayo de 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo duodécimo: “Puede suceder lo que sea.. que siempre hay uno que dirá que ya lo veía venir” (Proverbio francés) No tiene nada que ver con una relación estable -que suele basarse en el cariño, el interés, la admiración o en otras miles de razones que hacen que esa unión sea firme aunque no sea necesariamente satisfactoria-; si hay un sentimiento que las personas nunca experimentan por conveniencia, ése es el enamoramiento. Pocos procesos como el de arrebatarse por otro (enchocharse que dicen en mi pueblo) es tan sincero, espontáneo y abrumador. Lo curioso del caso es que, aunque nadie sabe por qué, todos los estudios sobre el tema afirman que las tres o cuatro veces que -como media- nos ocurre a lo largo de la vida, lo hacemos de gente parecida, ante personas que, aunque puedan tener apariencias distintas, poseen rasgos físicos o psicológicos muy similares. Vamos, que la clave del asunto no la tiene el otro y sus características (por muy tremendas que estas sean), sino uno mismo y sus gustos, algo que -y eso es lo bueno- nos deja cierto margen de maniobra (esperanza) a todos aquellos que, además de ser ya bastante talluditos, somos feos y pobres. La pena es lo poco que dura, porque cuando la pasión va enfriándose y dando paso al amor –lo que no siempre sucede-, el proceso bioquímico que nos ha vuelto tontos perdidos durante unos meses pierde efervescencia y se diluye el misterio. Entonces nos conocemos más, pero nos seducimos menos. Aunque eso sí que es ya otra historia.
...cuvada Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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