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miércoles, 3 de octubre de 2007

Capítulo Milésimo cuadragésimo sexto: "Jamás ha habido un niño tan adorable, que su madre no quisiera verlo dormido". (Ralph Waldo Emerson, 1803 - 1882; escritor, filósofo y poeta estadounidense) Me levanto filosófico. Si la naturaleza se ha tomado tanto trabajo en diseñar estrategias para que todo funciones dentro de un orden razonablemente lógico, ¿por qué diantres se ha olvidado de los humanos? Si hasta la más pequeña de las plantas es capaz de organizarse su vida tan ricamente, ¿por qué nosotros, que poseemos una inquietud autopensante a la que llamamos conciencia, y un puñado de neuronas ajetreadas, y memoria, y deseos de futuro; por qué nosotros, supuestos reyes de la creación, nos montamos la existencia tan rematadamente mal? Cualquier organismo vivo parece saber a la perfección lo que le conviene; pero los seres humanos somos autodestructivos, inseguros, confusos. Ni tan siquiera hace falta mencionar las guerras, las hambrunas, las tiranías y los genocidios para comprender que somos un desastre. Basta con mirar el día a día, la cotidianidad más simple y más común. La ignorancia con la que nos enfrentamos a la vida, el vaivén absurdo de sentimientos, los celos -profesionales o amorosos-, los miedos -físicos o metafísicos-; las ambiciones siempre desmedidas, absurdas, inalcanzables. No voy a entrar aquí e a discutir si todo el ingenio en el que se mueve la naturaleza responde a un plan, esto es, si existe un dios, o si la sabiduría biológica responde simplemente a las ciegas leyes darwinianas. A decir verdad, resulta más macabra la idea de la existencia de un dios que la de la nada, porque tal y como están las cosas en el mundo es de temerse que ese dios creador tenga muy mala leche, o que sea tal vez un dios loco o un bromista con poquísima gracia. Un tipo muy poderoso y no muy recomendable, en cualquier caso. Alguien capaz de crear una amanecer cada mañana, pero que al mismo tiempo nos deja sumidos en la más absoluta torpeza a los humanos, no parece una divinidad muy de fiar. Ni caso. Mañana será otro día. ... un trabajo no apto para sordos. Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

miércoles, 28 de febrero de 2007

Capítulo Noningentésimo vigésimo séptimo: "Me pregunto: ¿Que haría yo sin mí? (Manuel Garrido, 1985, filósofo y pensador) Alguien dijo que según la edad, así ha de ser la alimentación: ni las papillas son para hombres barbudos, ni las paellas para bebés. No debemos de comer sino lo que sea apropiado a nuestro momento. El tiempo acabará pasando, y lo que antes apartamos vendrá a sernos útil; nos tropezaremos con las mismas palabras que antes desechábamos y las veremos llenas de sentido. No es el texto el que cambia, sino quien lo lee. Pero no siempre. Existen unas cuantas realidades (pocas, es verdad), que han logrado permanecer inalterables con el paso del tiempo y que jamás, por su propia naturaleza de verdades absolutas, podrán ser destruidas. Y hoy en peluche descubrimos algunas de ellas.
- El médico general es el que sabe que su paciente morirá. El médico especialista es el que sabe de qué. - Sólo quien ha comido ajo puede darnos una palabra de aliento. - ¿Existe de verdad algo profundo? Sí, el subsuelo - Todo el mundo es normal antes de conectarme a Internet. - Dile a un hombre que hay 400 billones de estrellas y te creerá... dile que la pared tiene pintura fresca y la tocará... - ¿Sed de conquista? agua de colonia. - Si la montaña viene hacia ti, ¡ Corre, que es un derrumbe! - Vivan los tanques... de cerveza. - Una religión no es más que una secta con problemas de obesidad. - La cara de un niño lo dice todo. Sobre todo, la parte de la boca. - A los ahorcados se les hace un nudo en la garganta. - Igual para los perros somos cosas que tiran palos... - Autobiografía de un jamón: Yo era un cerdo pero me curé. - Las reglas sin numerar son las mejores para medir a ojo. - Es mejor no saber como se hacen las salchichas ni las leyes. - Hay una delicada línea entre pescar y hacer el imbécil en un río. - Un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta. - Así se avanza en la vida: Primero uno cree en Papá Noel, luego uno no cree en Papá Noel, y al final uno es Papá Noel. - Primer descubrimiento en la mañana de navidad: las pilas no estaban incluidas con el juguete. - Primer descubrimiento en la tarde de navidad: el niño tiene un juguete novedoso y notará que el padre estará jugando con él mientras el niño jugará con la caja en que vino el juguete. - Si los borrachos estuvieran en el poder lo tendríamos todo doble. - El seguro lo cubre todo, menos lo que pasa. - A las cuatro de la mañana nunca se sabe si se es demasiado tarde o demasiado temprano. - El cristianismo podría ser bueno si alguien intentara practicarlo.
No son todas, lo sé, pero son un principio. Al fin y al cabo la filosofía sólo consiste en decir refranes con palabras difíciles... ... carne entregada a los gusanos Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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