Capítulo Noningentésimo sexagésimo tercero: "El espíritu humano está hecho de tal forma que se engatusa mucho más con la apariencia que con la realidad" (Erasmo de Róterdam, 1469 - 1536, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés)
Como blog pegado a la actualidad que es, hoy tocaría hablar de Sofía. Pero tengo que reconocer que el tema me despierta el mismo interés que una conferencia que tratara sobre cómo mejorar el rendimiento laboral. Además, se han perdido las buenas costumbres Antes, cuando nacía un heredero te daban el día libre y hasta una paga extra. Hoy te puedes dar por satisfecho si logras evitar a las enteradas del tema (Asun, la de administración es como el hola) empeñadas en contarte hasta el más mínimo detalle del acontecimiento.
Y encima es un lunes en el que no tenía que estar aquí. En fin, dejemos a un lado el monumental cabreo por no tener el justo y merecido puente que me correspondí. Corramos un tupido velo sobre tan antipático tema y a lo nuestro lanzando una afirmación irrebatible: hay cosas que, sin ninguna duda y dejando bien claro que para gustos se hicieron colores, donde mejor se hacen es en la cama.
No digo yo que hacerlas en un ascensor, dentro de un globo aerostático o encima de la lavadora centrifugando, no tenga su morbo, al menos alguna que otra vez, pero dónde esté una buena cama (y sobre todo considerando que ya tenemos una edad donde las roturas de cadera son complicadas de arreglar) que se quiten otros sitios más... digamos... contorsionistas.
También es verdad que cuando las ganas aprietan, el sitio suele ser lo de menos, pero si se puede elegir, hay que reconocer que un buen colchón ayuda mucho. Aunque para eso, como para todo, siempre hay gente un poco más especial.
Y si no que se lo pregunten a la divina Sarah Bernhardt, tan diva ella, a la que le encantaba hacerlo en un ataúd forrado en raso, regalo de uno de sus amantes.
Por cierto, sé que en situaciones normales no haría falta aclararlo, pero conociendo el perfil de los que hacemos, (vosotros y yo), este blog, convendría especificar que de lo que estamos hablando es de dormir.
Los lunes a estas horas es difícil pensar en otra cosa. Hasta el jueves.
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lunes, 30 de abril de 2007
martes, 24 de abril de 2007
Capítulo Noningentésimo quincuagésimo noveno: "Hasta la más larga caminata empieza por un pequeño paso" (Confucio, 551 aC - 479 aC, filósofo chino)
Anda la princesa Letizia a puntos de parir. El tema me produce el mismo interés que una final del Madrid-Barcelona: ninguno. Pero no puedo negar la evidencia: mi, en principio, completa indiferencia hacia este tipo de acontecimientos va a ser imposible de mantener. Durante los próximos días y haga lo que haga, no podré escapar a las más variadas conversaciones, opiniones incluidas, sobre tan apasionante tema.
Y que conste me parece muy bien que para, se supone que es su obligación. Lo que no acabo de entender es tanto preparativo. Uno, que ha visto, -por obligación nunca por devoción-, algún que otro parto, ha llegado a la conclusión de que, salvo algún incidente descontrolado que siempre puede aparecer, parir es, aparte de algo estéticamente muy desagradable, la cosa más normal del mundo y lo más importante: cuanta menos mano se le meta (y nunca mejor dicho), pues mejor.
Y claro, en cuestiones de reinas la cosa no tienen que ser distintas. Al menos nunca lo han sido. Juana la Loca, que por cierto adelantó su boda con Felipe de Hamburgo (el Hermoso) cuatro días con el único fin de saciar su pasión sexual, parió a su hijo Carlos (el que luego sería Carlos I de España y V de Alemania), en la letrina del Palacio de Gante donde la reina disfrutaba de una animada cena. Al final del banquete, la futura Reina de España comenzó a sentirse mal, pero pensó que su estado se debía a un empacho, sin saber que era el bebé quien avisaba de que estaba en camino.
Si ya en un paritorio las parturientas se encargan de ponerlo todo perdido, no quiero imaginarme la primera imagen que tuvo que ver el infante Carlos cuando aterrizó en la letrina de palacio. Menos mal que la naturaleza es sabia y uno sólo empieza a tener recuerdos a partir de los tres años. Menos mal.
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