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lunes, 31 de enero de 2011

Capítulo Milésimo septingentésimo quincuagésimo quinto: "Todos hemos oído decir que si un millón de monos aporrearan un millón de máquinas de escribir con el tiempo llegarían a reproducir las obras completas de Shakespeare. Ahora, gracias a los blogs, sabemos que eso no es cierto". (Robert J. Wilensky 1943; escritor estadounidense) Dos kilos trescientos cuarenta gramos de folletos. Comprobado en la básculita esa especialparadietas que te mide hasta los microgramos. En una semana he recogido dos kilos trescientos cuarenta gramos de folletos del buzón. Hay uno de propaganda sobre una obra de teatro en el centro de la tercera edad; tres del ayuntamiento explicando lo bien que lo han hecho todo; otros tres del un mismo restaurante anunciando su nueva y renovada carta de temporada (los chinos de toda la vida ahora resultan ser delicados asiáticos); un catálogo de una empresa de muebles de oficina; dos tripticos de una agencia de viajes con la semanadelcrucerodescuentodelonceporciento, y varios, muchos, demasiados, de hipermercados, supermercados y mediopensionistas ofreciendo todo tipo de rebajas, ofertas y ofertones para épocas de crisis. Dos kilos trescientos cuarenta gramos en una semana, nueve kilos trescientos sesenta gramos al mes, ciento doce kilos trescientos veinte gramos año… multiplicado por cada uno de los buzones… ¿cuántas toneladas significa? Y no lo digo yo por los árboles (por mí -y cada uno tiene sus prioridades- como si los rebanan a todos) sino porque la gente se pasa el día quejándose del spam que encuentra en el correo electrónico, poniendo filtros para que no llegue, y hasta denunciando a quienes los envían y, en cambio, de este otro, tan indeseado como aquel, no sólo no dicen ni sino que, además, son los primeros que corren a abrirle el portal al repartidor en cuanto llama.
... de perilla Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

jueves, 17 de enero de 2008

Capítulo Milésimo centésimo octavo: "Casi todos los hombres que valen mucho son de maneras sencillas, y casi siempre las maneras sencillas son tomadas por indicio de poco valor" (Giacomo Leopardi 1798-1837; poeta italiano)

Apenas estamos comenzando el año y las revistas ya se han empezado a llenar de páginas con palmeras, cocoteros y bañadores al grito de haga su reserva ahora y no pague hasta diciembre. Y así estarán hasta que la hoja en color del catálogo a Cancún sea derrotado por el anuncio de alguna nueva variedad de turrón, un turrón que no te sabrá a nada si antes no vuelves a casa por navidad con la cara de los domingos y el matasuegras en la boca. Y vuelta a empezar el ciclo.

Abrir un periódico, una revista o cualquier suplemento, se está convirtiendo en un insulto para los solitarios como ya lo era para los feos. El verano, como las navidades, son temporadas nefastas para los tristes, para los insociables, para los abandonados. No sólo el mundo parece haber decidido divertirse al mandato de los números del calendario sino que, además, se empeñan en restregárnoslo como una verdad universal que todos tenemos la obligación de sentir y practicar.

Me gusta el frío, me gusta el invierno y, por aquello de no parecer un elemento subversivo que sólo quiere llamar la atención llevando la contraria al gusto dominante, tengo que confesar que también me gusta el verano. Aunque sólo sea en casos muy concretos. Pocos finales se me ocurren más agradables que morirse en la vejez durante una siesta de estío. Por ejemplo.

... decoración nazi.

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