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miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo trigésimo sexto: “Rascad la piel de un escéptico, y casi siempre hallaréis debajo los nervios doloridos de un sentimental” (Daniel d'Arc, 1959; cantante francés) Sí, es verdad, yo, que me bajo muchas películas de internet, soy el primero que lo reconozco: no es lo mismo verlas en la tele de casa que en el cine. Ni mucho menos. En el cine hay más emoción, más misterio, más pasión. El cine es ese sitio en el que nunca habrá entradas para la película que buscas aunque para que te lo confirmen tengas que aguantar a una cola insufrible de niños empeñados en ver un pollo de color amarillopollo luchando contra extraterrestres de color verdemanzana, o a los aún más insoportables intelectuales hablando del trasfondo alegórico de Etéreamente subetérea, la última película sueca del realizador húngaro (aunque nacido en Bulgaria y nacionalizado polaco) Jagsfefrtxixk Hurtgfshbger. El cine es ese sitio en el que nunca te paran la película para ir al retrete (aunque te estés meando encima) o para ir a buscar algo a la nevera (aunque te estés muriendo de hambre) y en el que parece que tienen contratado a un tío más alto que tu para que se siente justo delante. Un sitio el que no hay una mesa para poner la cocacola ni dejan entrar al repartidor del telepizza, y donde siempre hay un tipo entendido que protesta porque no le dejan hasta el final los créditos y no puede leer cómo se llamaba el ayudante del segundo operador de cámara del módulo de filmación de la tercera unidad móvil. Un sitio en el que, para postre, entrar y ver una película acompañado de otras doscientas personas cuesta lo mismo que la comida de toda la semana si haces la compra en elmercadona. Definitivamente no, no es lo mismo.
... ecología Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

jueves, 20 de mayo de 2010

Capítulo Milésimo sexcentésimo decimonoveno: “La mayoría de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos. (John Churton Collins, 1848-1908; escritor británico)
Se presentó en 1970 en Osaka, era de la marca Sony, y en menos de 15 minutos lavaba, enjuagaba y secaba personas además de proporcionarles un estimulante masaje siguiendo el mismo principio de los lavavajillas. A pesar de lo cual no tuvo ningún éxito y hoy sólo puede verse en el Sanyo Museum Le faltó marketing, sólo le falto marketing, porque la idea es buena, muy buena. Y lo dice un vago vocacional que a la menor oportunidad ejerce como tal desde que tiene uso de razón.
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martes, 27 de febrero de 2007

Capítulo Noningentésimo vigésimo sexto: "Que peligroso cuando los diseñadores usan una lengua que la gente no puede entender". (Paula Scher, 1948, diseñadora gráfica estadounidense) Vamos que sí, que no era más que una adaptación de el traje del emperador en versión moderna. Aunque mi boca nunca hubiera dicho nada, mi culo puede dar buena fe de ello . Por fin alguien se ha atrevido a decirlo: la silla que tiene mi amadísimo jefe en su despacho y en la que tengo que esperar cada vez que quiero algo de él y está colgado al teléfono será muy elegante, muy moderna, muy mundana, pero también es un potro de tortura. Witold Rybczynski, un catedrático de arquitectura que en su libro "La casa. Historia de una idea", explica por qué la silla Wassily, creada por Marcel Breuer en 1926 y considerada como un icono sagrado de diseño moderno, no cumple con la primera obligación de toda silla: que sirva para sentarse de una forma medianamente cómoda. "lo agudo del ángulo del asiento hace que resulte imposible sentarse en ninguna postura salvo la repatingada.; si trata uno de adelantarse para alcanzar una taza de café, se encuentra desagradablemente apoyado en el borde rígido del asiento. Si se da uno la vuelta de lado, los brazos brindan escaso apoyo. Como el respaldo y el asiento son planos, desalientan los movimientos. Si se doblan las rodillas, los muslos ya no apoyan en el asiento teso, que también le impide a uno estirar la piernas. Al cabo de un rato, el borde s introduce dolorosamente en la parte de debajo de los muslos. Es una butaca en la que uno no puede estar cómodo más de 30 minutos". Yo seré muy de pueblo y, posiblemente, no estaré acostumbrado a modernos sibaritismos de diseño, pero por mucho que intenten convencerme de sus ventajas, digo yo que casi todos nos sentamos con el culo. Y un culo es como es y encaja como encaja. ¿Verdad?

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