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viernes, 18 de junio de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010
martes, 26 de febrero de 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo sexto: "Puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo si la publicidad es buena y el presupuesto lo suficientemente grande" (Joseph E. Levine, 1905-1987; productor estadounidense)
Mucho se ha hablado de los efectos perniciosos de la sangre menstrual -con la documentación que existe sobre la nocividad que desprenden las mujeres menstruantes se pueden escribir varios libros- pero muy poco se ha dicho sobre sus beneficios. Hoy, en peluche práctico, algunas de las ideas que se practican por el mundo para aprovecharse de esos días y sus secreciones. Hoy, en peluche práctico: sáquele partido a sus reglas. Reutilice su sangre menstrual.
Es costumbre en algunos países asiáticos como Birmania, recurrir a las mujeres menstruantes cada vez que una plaga de insectos ataca las cosechas. El mecanismo es simple, los campesinos piensan que la sangre menstrual tiene poderes terribles y sólo con su olor es capaz de contaminar el aire, por eso, cada vez que hay una plaga, contratan a mujeres que estén menstruando para que se paseen sobre los campos con sus genitales desnudos. Suficiente para que los insectos, ante aquel terrible olor, mueran o se alejen.
En algunas partes de Sicilia aún se usa el agua de la higiene íntima de las menstruantes para humedecer los troncos de los árboles y que así éstos no sean atacados por las orugas. Una buen fuente de ingresos, sobre todo para las más limpias.
En Baviera los campesinos entregan a las vírgenes menstruantes pañuelos de encaje para que los impregnen con su sangre menstrual ya que los consideran poderosos amuletos capaces de evitar a quien los lleva accidentes o heridas con hemorragias. Llegan a pagar cantidades importantes por conseguirlos. Al tener que ser de vírgenes, el precio sube. Cuestión de oferta y demanda.
En Francia aún pervive una tradición, muy extendida en el siglo XVII, según la cual la sangre menstrual de una mujer que no hubiese parido tiene la propiedad de apagar los fuegos por muy vivos que fueran éstos. No he llegado a saber si las bomberas que disfrutan de esa situación tienen un mejor sueldo. Pero deberían.
En el sur de Rusia, pensando que la sangre tiene parte del alma de su propietaria, la utilizan como filtro de amor mezclándola con el vino o el café. Se trataría sólo de buscar el candidato apropiado.
Y sin irse tan lejos, aquí en España, hay muchos curanderos que creen en el efecto salutífero de la sangre menstrual para curar el lagrimeo, la epilepsia y las convulsiones en general, los dolores rebeldes, la erisipela, la gota, los diviesos, las verrugas, lamparones, llagas viejas, tercianas, hidrofobia, esterilidad, e incluso curar el amor voluble asegurando el amor de los hombres, deshacer el mal de ojo, preservarte de la peste y desviar a las tormentas. Como la clientela para estos menesteres no falta, la demanda de este tipo de sangre, necesaria para hacer sus pócimas y brevajes, pues tampoco.
Y gotita a gotita. ... helados.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
lunes, 25 de febrero de 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo quinto: "La gente que no para de trabajar lo hace para no tener tiempo de acordarse de que no tiene nada que hacer. (Francis Picabia, 1879-1953; pintor francés)
En vez de aprovechar la diversidad y enriquecernos con las diferencias, tenemos, desde la comodidad de nuestro primer mundo, una corrosiva tendencia a emitir juicios de valor sobre todas aquellas otras culturas que nos son ajenas o no se nos parecen. En estos tiempos de multiculturalidades, globalizaciones y mestizaje es bonito saber que en algunos lugares aún existen hombres, mujeres y niños que celebran y respetan sus más antiguas tradiciones.
Lo que no quita para que me parezca un poco desproporcionado las directrices que han establecido los mandatarios de Rajastán, una de las muchas regiones de la India, los cuales, excusándose en el respeto que es obligatorio guardar a las costumbres locales, han decidido prohibir que los turistas puedan hacerse cualquier tipo de demostración de cariño en público. Por inocente que sea.
Nada que objetar. Son sus costumbres locales y hay que respetarlas. Pero no deja de chocarme que sean precisamente estas autoridades las que miran para otro lado ante la -también- costumbre local, más extendida de lo que debiera, que tienen los hombres de la región de echar ácido en la cara de las esposas que no cumplen con los deseos de su marido.
Algo no me acaba de cuadrar en este discurso de respetar las señas de identidad culturales de los pueblos. Algo no me acaba de cuadrar. Será que es lunes. Será.
Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"
viernes, 16 de febrero de 2007

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